Como se podrá comprobar, mi comentario se limitaba a un resumen del libro, resaltando con cierto detalle sus aspectos más interesantes y recomendando su lectura.
Quiero señalar de nuevo, que los autores del libro se inscriben en la tradición de la economía marxista formulada por Paul Sweezy, Paul Baran y Harry Magdoff y consideran que la causa de la crisis económica de nuestros días se debe buscar en la sustitución del capitalismo competitivo del siglo XIX por un capitalismo de tipo monopolista.
Según su punto de vista, esta variante del capitalismo conduce al estancamiento porque la competencia es débil. A su vez, los salarios de los trabajadores (que sí que están obligados a competir) se ven frenados y el precio de monopolio permite una transferencia de los beneficios desde las empresas pequeñas a las grandes.
Como que los trabajadores no gastan mucho por culpa de sus ingresos exiguos, los excedentes se acumulan en el monopolio y tienen que realizarse a través de gastos militares y campañas publicitarias, o, como acaeció en la etapa anterior a la crisis, con un auge del crédito.
Pero al estallar la burbuja de crédito, las limitaciones del capitalismo monopolista se han puesto de manifiesto de nuevo y el estancamiento se revela con toda su crudeza.
La crisis no viene provocada, por tanto, por una reducción de la tasa de ganancia. Lo que ocurre es que el excedente es demasiado alto y no hay manera de poderlo realizar. Esto conduce a la conclusión que las crisis capitalistas actuales ya no son cíclicas (boom y recesión), sino estructurales (estancamiento).
Esta visión incorpora elementos de la explicación subconsumista de la crisis capitalista, es decir, de aquella que viene a decir que no hay suficiente "demanda efectiva" de los trabajadores dado que sus salarios han disminuido mientras las desigualdades se ensancha a favor de las rentas del capital. Lo que ocurre es que ahora el subconsumismo ya no es coyuntural. Es estructural.
En el caso reciente el efecto subconsumista de la desigualdad y los salarios exiguos se retrasó gracias a la burbuja de crédito. Al estallar esta burbuja también estalló la crisis.
Buena parte de estos argumentos son contrastables y forman parte de las raíces de la crisis actual. Yo mismo los he defendido desde el momento que tuvimos evidencias de esta crisis. Esta fue precisamente una de las muchas razones que me animaron a recomendar la lectura del libro. Ahora bien, esto no significa bendecir la teoría del estancamiento.
No es verdad que los costes salariales se hayan estancado desde la aparición del capitalismo monopolista. Tampoco se ha estancado el consumo de los trabajadores sino que ha prosperado. La posibilidad de poder disfrutar de vacaciones, el derecho a la asistencia sanitaria, las pensiones de la seguridad social, etc. se han convertido en potentes yacimientos de empleo.
Lo que ha ocurrido, sobre todo durante el periodo conocido como "edad de oro", es que los dividendos crecieron por encima del crecimiento salarial y estos crecimientos se produjeron en unos momentos en los que la producción también crecía.
Esta tendencia al crecimiento desigual entre salarios y dividendos se modificó con las políticas neoliberales que permitieron que el capital monopolizara las ganancias en productividad en detrimento de los salarios que en este periodo sí que se estancaron. Cuando la rentabilidad llegó a su máximo, el sector productivo más dinámico del ciclo (la construcción) alcanzó su punto límite y a partir de este momento empezó a caer. Fue entonces cuando el crecimiento se desaceleró y entramos de lleno en la crisis.
He publicat el següent article a LA FÀBRICA (espai de producció i reproducció d'idees dels Països Catalans):ACCIDENTS NUCLEARS I CRISI ECONÒMICA












