El crecimiento económico y la distribución de la tarta

Nuestro sistema económico da mucha importancia al crecimiento. Si la población permanece estable, la mejora en su nivel de vida exige un aumento de la cantidad de mercancías. Este crecimiento todavía se hace más necesario cuando la población crece ya que hay más bocas que alimentar pero también hay más manos para producir.

El problema radica en que esta afirmación no tiene en cuenta que hay una variedad de mercancías (manzanas, licores, ordenadores, cosméticos, cigarrillos, hamburguesas, automóviles, etc.) que se producen y se distribuyen en función de la organización social existente.

Además, la producción y distribución se relacionan con el contexto. Cambia la composición de la población, y cambian los gustos por razones diversas, y por lo tanto, también cambia el contenido de los carros de compra de la gente.

Pero es muy importante saber como se distribuye la tarta. Uno de los factores que más influye en esta distribución es el papel que las personas juegan en el proceso de producción. Si, por ejemplo, el 5% de la población acapara el 30% de la riqueza producido es debido a que esté 5% tiene un papel privilegiado en el proceso global de producción. Los resultados serían diferentes si la producción y la distribución se llevaran a cabo de otra manera.

En otras palabras, los que separan el tema del reparto de la tarta del proceso de producción, o esperan que los criterios de distribución se decidan a posteriori (¡recuerdan la afirmación de Felipe González según la cual primero hay que crear la riqueza y después ya la repartiremos!) son unos ilusos o unos mentirosos.

Sin embargo, cada país tiene reglas sociales para cortar la tarta que permiten atenuar o acentuar las desigualdades generadas en el proceso de producción. No ocurre lo mismo cuando se llevan a cabo políticas que favorecen que los salarios bajen y estimulan los beneficios empresariales que cuando se actúa en una dirección opuesta. Tampoco es lo mismo si las políticas fiscales recaen mayoritariamente en las espaladas de los trabajadores que si se sustentan sobre las rentas de los poderosos.

Dicho de otro modo, el tamaño de la tarta es importante, pero su bondad también depende de lo que contiene y de las normas legales existentes. Y sobre todo depende del grado de desigualdad entre los que participan en el reparto.