La receta griega

A partir de 2007, con el estallido de la crisis, Grecia, como la mayor parte de países, aumentó su déficit. El porcentaje de incremento (ver tabla adjunta) no ha sido excepcional si se compara con el de los demás. Lo que ocurre es que Grecia en 2007 (como también se ve en la tabla) ya estaba muy endeudada debido a unas previsiones optimistas de su economía que luego no se cumplieron.

Con la crisis económica los problemas de la deuda griega se multiplican. Ahora, otros (países, multinacionales, grandes bancos,…) más poderosos que Grecia, también aumentan su endeudamiento. Dar créditos a estos últimos resulta más seguro. Los griegos, en cambio, reciben un trato similar al de los “propietarios pobres” de las viviendas de EE.UU. que “garantizaban” las hipotecas “de dudoso cobro”: Se pone en duda su solvencia, se les impone unas tasas de interés (entre el 6% y el 7% por encima de la inflación) más elevadas que las del resto (mientras el BCE se mueve entre un 1% y un 5%) y se amenaza con no concederles más crédito.
El incremento de la deuda de Grecia ha ido acompañado de una intensa campaña mediática con finalidades especulativas sostenida con mentiras. Pero quienes han aparecido como mentirosos han sido los propios griegos al destaparse que su gobierno no dijo toda la verdad sobre la realidad de sus finanzas públicas. Como que “mintieron” deben ser castigados permitiendo que las grandas potencias europeas intervengan para “poner orden” en los temas domésticos.

Si la UE fuese de veras una unión, la crisis griega se podría solventar por la vía de la solidaridad entre sus miembros. Desgraciadamente esta posibilidad no sólo no se contempla sino que queda descartada en los artículos 102, 103 y 104 del Tratado que prohíben que la “Unión” garantice la deuda pública de alguno de sus estados miembro.

El plan de “ayuda pública” sugerido por “los grandes”, exige condiciones duras. Para hacer frente a la deuda y a los pagos de intereses, el gobierno griego será obligado a incrementar impuestos y reducir gastos lo que puede acabar comportando un periodo de sufrimiento económico para las clases trabajadoras. Los “prestamistas globales” se forrarán.

De ahí que sean justificadas la resistencia de las clases populares griegas y la necesidad de levantar propuestas alternativas a las de las grandes potencias europeas que ahora parece que quieren convertir a Grecia en su protectorado.
Que nadie crea que lo de Grecia es un problema doméstico. Los griegos necesitan el apoyo de las clases trabajadoras de los otros países europeos y viceversa.