Alerta

Quiero expresar mi preocupación por la forma que desde el mundo sindical se debate esta crisis y lo hago después de participar en la escuela sindical de verano (julio de 2008) de comisiones obreras de Catalunya.

La crisis conforma un episodio más de la lucha de clases y por lo tanto, cada una de las clases sociales debería construirse su propia visión, y sobre todo su propia estrategia para abordarla. Por esto es un error dedicarse únicamente a crear foros de debate para dar la palabra a economistas académicos de la corriente convencional presuponiendo que su visión será independiente i neutra.

Ninguno de las ponencias presentadas en la escuela de Comisiones Obreras ha puesto al descubiertos que el crecimiento de las desigualdades provocado por la perdida de poder de los salarios se encuentra en la raíz de esta crisis.

Acepto que no todos tienen que estar de acuerdo con este punto de vista. Pero al menos, para aquellos que observan la economía desde mediados de la década de 1970, el aumento de la desigualdad debería contemplarse como una realidad incuestionable. Como he argumentado en otras ocasiones, el papel central desempeñado por el endeudamiento de las familias no se puede comprender si previamente no se tiene en cuenta el aumento de la distribución desigual de los ingresos y, sobre todo, la pérdida de peso de los salarios en la distribución de rentas.

Ahora bien, la existencia de la desigualdad creciente es sólo la punta del iceberg. Al penetrar en este terreno se puede empezar a analizar cómo la desigualdad surge de la dinámica del aumento de la explotación capitalista y cómo esta dinámica ha dado lugar, tanto de manera directa como indirecta, a la burbuja de la vivienda y a la expansión de la esfera financiera. Esta manera de enfocar las cosas difícilmente va a venir de los economistas convencionales ya que aceptarla implica aceptar también que detrás de la crisis se encuentra la precarización de las condiciones de trabajo.

Según uno de los economistas que “triunfó” en la escuela, para entender la crisis únicamente es necesario fijarse en la esfera financiera lo que le permitió explicarlo todo como si se tratara de una película de terror. El ponente en cuenstión, para dar barniz de izquierdas a su argumentación, no dudó en adornarla con algunas referencias a “la codicia de unos cuantos” y así se puso al auditorio en el bolsillo. Lo más sorprendente fue que al finalizar profetizó la caída eminente de la economía China. Personalmente considero que decir ahora esto significa una animalada. El tiempo dirá.

Sería una limitación que el movimiento sindical aceptara esta visión que lo reduce todo a "la economía de casino" y no tuviera en cuenta las conexiones de esta crisis con la esfera productiva. La famosa crisis de las hipotecas “basura” tiene mucho que ver con el “boom” de la construcción y la construcción fue el sector económico más dinámico de la “economía real” durante los últimos años.

Los problemas de "la economía real" están en la raíz de esta crisis y, mientras no sean encarados, la economía mundial seguirá sufriendo tropiezos que van a tener consecuencias dañinas para las clases trabajadoras.

Como suele ocurrir en esos casos, el desarrollo de los aconcimientos va a depender de la capacidad de resistencia y de lucha de las clases trabajadoras. Si esa capacidad es suficiente, el capitalismo tiene motivos para preocuparse. Pero si esa capacidad no es suficiente, es evidente que de una manera u otra el capitalismo conseguirá restablecerse y reordenarse y el deterioro social irá progresando.

El peso que el sector inmobiliario tiene en España, la precarización laboral que ha llevado a cerca de cinco millones de personas a ir rotando compaginando contratos temporales y periodos de desempleo, el papel determinante que en España tiene el sector financiero (implicado a fondo en la burbuja especulativa) y el endeudamiento de la familias, nos convienten en un país especialmente vulnerable a esta crisis.


De momento habría que preveer que el ajuste será severo y rápido en el sector de la construcción y en todos aquellos sectores que se relacionan con ella.


La crisis, al haberse iniciada en el sector bancario, hará que la banca tenga dificultades para garantizar la liquidez necesaria a un sector productivo que en la mayoría de los casos ha basado su crecimiento en el crédito y/o que ha colocado sus productos gracias al endeudamento de los consumidores (sector del automóvil por ejemplo).


Por otra parte, la crisis no afectará únicamente al sector privado. Las administraciones públicas han conseguido una buena parte de su recaudación gracias a los impuestos vinculados a la burbuja especulativa. Esta fuente de ingresos se ha secado por lo que se puede provocar una crisis fiscal del Estado con el consiguiente empeoramiento de los servicios públicos y con una fuerte presión sobre las condiciones laborales de las personas que garantizan estos servicios.


Todo esto, el movimiento sindical lo debería tener presente a la hora de rehacer su ajenda y dejarse de monsergas y de historias de terror. Si no espavilamos, lo autenticamente terrorífico van a ser las consecuencias que esta crisis tendrá para los de abajo.